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Episodio V: Mick

Por Nicolás Artusi / @sommelierdecafe

Episodio V: Mick

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Una sola letra cambia todo, como pasa casi siempre. La primera vez que tuve en mis manos este micrófono me fue presentado como mic y yo pensé en una abreviatura confianzuda como gesto de cariño, el mismo de alguien que le dice Palo a una chica llamada Paloma. Al tacto es suave (¡hablo del micrófono!), al oído se escucha lindo porque tiene parlantes incorporados, a la vista es elegante en sus colores negro, fucsia, dorado o plateado; pero en mi exploración de los sentidos no tardé en descubrir el sexto: el sentido del baile. Cuando vi de cerca su etiqueta comprobé que no tiene un apodo de tres letras sino un nombre propio de cuatro: se llama Mick y esa k final cambia todo. Como pasa casi siempre. Agarro el micrófono con la mano derecha y, de manera automática e inconsciente, los dos codos aletean hacia afuera, las rodillas se sacuden, los pies se mueven y empiezo a bailar como un pollito. La primera canción que elijo en este karaoke improvisado es una de Maroon 5 con Christina Aguilera: Moves Like Jagger. De repente me siento como una de las Majestades Satánicas, un pibe de setenta y cuatro años que repite los movimientos espásticos de sus veinte, un pordiosero millonario que sirve un banquete de rock and roll al que está invitado todo el mundo y que, aseguran los que saben, tiene un pacto secreto para mantenerse eternamente joven. ¡Es la magia de la música! Si un micrófono sin una voz que lo acompañe no dice nada, un micrófono que se llama Mick te invita a jugar a ser uno de los Rolling Stones por un rato aunque el repertorio no sea excluyente: sirve para conectarlo por bluetooth a cualquier aparatito y ensayar un bolero de Armando Manzanero, una balada de Mariah Carey, un tango de Julio Sosa o un chamamé de Ramona Galarza. En mi caso, me contagio por ósmosis de su habilidad para el baile y me sacudo como si estuviera a punto de tener un ataque mientras acaparo a Mick y canto mi canción favorita y después otra y después otra aunque me quedo con ganas de más. Siempre lo mismo: no puedo obtener ninguna satisfacción.

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