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Episodio VI: ABC Diario

Por Nicolás Artusi / @sommelierdecafe

Episodio VI: ABC Diario

Un nuevo comienzo siempre es una oportunidad y un desafío: como en todo momento especial, es importante estar munido de las cosas que nos llenan el alma..

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Más que hormigas, un hormiguero. Es la noche del primer domingo de marzo y ni falta hace que cierres los ojos para sentir ese trajinar intenso en la panza, como en la fábula de la cigarra y las hormigas. Andan de acá para allá. Vos sabés bien que no podés tener bichos ahí adentro pero los sentís y aunque se parece al miedito que te dan las películas de terror que mirás cuando tus papás están distraídos, también te gusta (igual que con las películas). Mañana empiezan las clases y te cuesta dormir, pero todavía sos muy chico para calcular cuánto tiempo de sueño perdés con cada minuto que pasa o para preocuparte por tu rendimiento físico del día siguiente: tenés la energía de un conejo a pilas de esos que siguen andando y andando y andando. Pensás: ¿será buena la seño de este año? ¿Qué días me tocará gimnasia? ¿Habrá algún compañero nuevo? Y aunque te preguntás si no te habrás olvidado en el verano la letra del himno (tranquilo: por alguna razón misteriosa, cuando empieza la música la letra te sale sola) también sabés que lo peor sería sentirte desnudo adelante de todos en el patio descubierto, adonde izan la bandera cuando el tiempo todavía está lindo. Como un soldado preparado para la misión, o un payaso que exige la nariz roja para salir a escena, necesitás tu propia munición para sentirte a salvo: en la mochila nueva que te regaló tu mamá, ésa que tiene un mosquetón para que enganches las llaves y no vuelvas a perderlas, están el cuaderno todavía vacío para el primer día, la cartuchera de silicona azul, las lapiceras con tinta gel en diez colores y la calculadora a la que se le cambian los botones (ésa te la regaló tu papá cuando te dijo algo que sí te dio un poco de miedo: “Este año vas a tener que hacer cuentas”). Mirás de reojo el reloj de la mesita y ves que todavía faltan ocho horas para que tengas que levantarte. Deberías estar tranquilo: en la mochila está todo. Pero el hormiguero en la panza está más activo que nunca y aunque los minutos pasan rápido sabés que tu última noche de vacaciones va a ser una noche larga.


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