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Episodio VIII: Marcadores

Por Nicolás Artusi / @sommelierdecafe

Episodio VIII: Marcadores

“No te pases de la raya”: con el tono de una dulce advertencia, la señorita Victoria me decía eso y yo, un tímido chico-ostra, creía que me estaba retando. Pero no. El sentido de sus palabras era literal: que no me pase de la raya, me decía, cuando pintaba los dibujos apenas bocetados en líneas negras sobre el papel blanco. Que sea cuidadoso. Que no invada con un azul la zona de un amarillo porque entonces aparecería un verde. Por entonces yo era bastante diestro con el dibujo y, como sucede siempre, una pequeña virtud puede abrir una gran oportunidad: era el elegido para pintar los afiches de los actos escolares, lo cual me exceptuaba por una hora (¡o dos!) de la clase de tercer grado. En mis manos, las patillas de San Martín eran morochas retinta y la pelada de Sarmiento, de un rosadito pálido. Cuando dos amigos muy queridos me regalaron para este cumpleaños una enorme caja de marcadores, mi memoria trajo desde aquellos días el placer de dibujar. Hace poco leí una entrevista a una ilustradora muy genial y a la pregunta de la periodista (“¿cuándo empezaste a dibujar?”) ella dio una respuesta brillante: “Nunca dejé”. Todos dibujamos y pintamos de chicos pero algún rito de tránsito juvenil nos empuja a dejar los marcadores cuando empiezan a interesarnos otras cosas: las chicas, los chicos, la música, las fiestas. Mi nueva caja de cien marcadores se presenta tan sugerente como un lienzo en blanco: hay veinte posibilidades de azules, cuatro versiones de amarillos, seis tonos de grises y unos cuantos rojos. Y tienen doble punta, fina y pincel, para trazar los contornos y pintar adentro de ellos. En busca del tiempo perdido, vuelvo a dibujar: no con fines terapéuticos, como se presentan ahora los libros para colorear de adultos, sino para volver a un placer que no debería haber abandonado. Más impresionado por Basquiat que por Hopper, me paso de la raya: en ese manchón de colores sin orden expreso el desconcierto de la adultez y mezclo el azul con el amarillo con la esperanza de que aparezca el verde.