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Episodio XIII: My Cup

Por Nicolás Artusi / @sommelierdecafe

Episodio XIII: My Cup

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Mío, mío, mío. El pronombre posesivo es la excusa perfecta para el caprichito del egoísta. Si nos tocó vivir en una época donde todos tenemos cosas parecidas (el mismo teléfono, el mismo anteojo o el mismo saco), ¿por qué no llevar la personalización hasta ahí donde la tengamos más cercana, al alcance de la mano? Este vaso es mío. Y de nadie más. No porque yo sea un remilgado que no comparte (¡cualquiera que viva en la tierra del mate intercambia sin problemas!) sino porque ofrece la combinación justa para ser muchos y a la vez uno solo. Contiene líquidos y multitudes. El vaso y la tapa son blancos y se me antojan como lienzos a punto de ser estrenados: remedan la forma de esas tazas descartables de las cafeterías modernas donde el barista anota mi nombre con cuatro letras, invariablemente en diminutivo, acaso para ahorrar tiempo evitándose algunos caracteres (no sólo me pasa a mí: cualquier Martín anónimo será un inequívoco Mart). Pero como en el truco de un mago entrenado, el secreto está en la manga. En lo funcional, la funda de silicona evitará que me queme con una bebida muy caliente o que el vaso se me resbale por una mala jugada de mis dedos torpes. Sin embargo, en lo ornamental está el gusto. Hay mangas de los colores primarios, azules, rojas y amarillas, y otras de combinaciones más inspiradas y menos frecuentes, lilas, violetas y turquesas. Un sinfín de tonos para que cada uno pueda elegir el aspecto de su vaso según el ánimo, el tiempo, el club del que es hincha y otros tantos motivos aún más triviales o incluso obsesivos (está documentado el caso de alguien, ejem, que cambia todos los días la silicona para que haga juego con el color de su camisa). El vaso My Cup hace un corte de manga a la uniformidad y la despersonalización, es el canto de un cisne lila, violeta o turquesa en el lago de cemento de una ciudad gris. Antes de salir de casa, me miro en el espejo y compruebo que mi camisa azul emparde con el color del vaso que llevo en la mano. Entonces puedo empezar el día tranquilo. ¿Y qué? Es cosa mía.

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