0 Producto Productos vacío

Added to your shopping cart

Cantidad
Total
Seguir comprando Ir a la caja

Episodio III: Mifa

Por Nicolás Artusi / @sommelierdecafe

Episodio III: Mifa

///

Llevo en mis oídos la más maravillosa música. Y en mis bolsillos. Y en mis mochilas. En los primeros campamentos juveniles (más bien, ¡infantiles!) la banda sonora de la excursión era en vivo y en directo, un repertorio de canciones montañesas con la letra adaptada para incluir el nombre de mi colegio. Ya de grande, la salida a la naturaleza tenía el sonido de la observación y la introspección: recuerdo unas vacaciones en carpa por los lagos del sur donde el ambiente era más potente que el bumbúm de una discoteca. Pero aturdido por el rumor de las olitas o el croar de los bichos, en mi eterna insatisfacción de ser urbano sentía que me faltaban dos cosas vitales: café y música. El ingenio y la tecnología salieron en mi auxilio. Hace un tiempo me regalaron una cafetera portátil que funciona como el inflador de una bicicleta: la presión generada por el aire bombeado prepara un café espumoso y reconfortante para la excursión a la montaña. Y ahora descubro unos nuevos parlantes que llevan la música tan alto como yo pueda llegar. Mi favorito es uno bien rústico de color verde militar: “Sonido de aventura”, dice la caja y, aunque lo más aventurero de uno haya sido una maratón en continuado de las cuatro películas de Indiana Jones, la promesa de escuchar la fanfarria de John Williams en medio del desierto (o la playita) anima a empuñar el látigo. Hay paisajes tan imponentes que exigen el galope de la Cavalleria rusticana y otros más bucólicos a los que siempre agrego la melodía dulzona de Rhapsody in Blue. En mis oídos, en mis bolsillos y en mis mochilas siempre llevo un parlante que disfrute del aire libre. Como un Sancho Panza compuesto de agudos y graves, es un gran compañero para la conquista de cualquier molino de viento. Pequeño pero robusto, resiste los golpes, el agua y el polvo sin mosquearse y con su sonido potente, aun en lo vasto del paisaje, completa la película de un viaje: ¿o acaso uno no tiene derecho a elegir, y llevar adonde quiera, el soundtrack de su propia vida?  

///